Visitando la exposición MEDELLÍN 1900-1940 en el Museo Teatro Prado El ÁGuila Descalza vi entre la curaduria de fotografías la siguiente:
Con la fotografia recordé el cuento inspirado en ella: La muchacha del circo del libro postumo ORO Y SELVA/RELATOS DEL NORDESTE de Michael Hill Davey. También recordé que me había prometido buscar rastros sobre Kira y su paso por Colombia. El texto en cuestión lo re-publicó Universo Centro en la edición 66 de junio de 2015 con unas bellísimas ilustraciones de Elizabeth Builes.
Lo primero que quiero hacer es aclarar unos datos bibliográficos que dan en Universo Centro sobre Hill Davey y que son importantes para llegar a Kira.
«Los bancos ingleses llegaron a la Nueva Granada luego de las primeras guerras de independencia. Muy pronto sus intereses apuntaron a las minas y a mediados del siglo XIX ya eran dueños de la Frontino and Bolivia Company. (…) En una de esas primeras camadas inglesas nació Michael Hill Davey, en el campamento de la mina Marmajito»
Hill Davey sí nació en Marmajito y sí fueron ingleses sus padres, pero no fueron ni de cerca « una de esas primeras camadas inglesas». Los ingleses, como bien dicen, empezaron a llegar luego de las guerras de independencia y, especialmente con el empréstito negociado por Arrubla y Montoya en 1824. Esa migración se dio durante todo el resto de siglo XIX. Europa era — en cabeza de la Inglaterra victoriana —el centro tecnológico del mundo, lo que permitió avances sin precedentes en la explotación de las minas antioqueñas. Es importante reconocer que el «centro tecnológico» viró a principios del siglo XX con el ascenso económico de Estados Unidos. Los Hill, como expuse en ENTRE EL VERDOR llegaron a Colombia en 1927 casi un siglo después de la llegada de los primeros ingleses post-empréstito. Y digo más: los Hill llegaron a practicar la minería de aluvión a través del método con elevadores hidráulicos (instalado por primera vez en Colombia por John O’Brien en La mina La Clara a orillas del río Porce); tecnología inventada en Estados Unidos en la década de 1880. Michael Hill Davey nació en 1933. Es importante saber eso porque a la visita de Kira tendría 7 años.
La fotografía de Kira de la exposición, como lo indica el rótulo, es del fotógrafo Francisco Mejía y hace parte del catalogo patrimonial que custodia la Biblioteca Pública Piloto (BPP). Fue tomada a finales de 1940 en la visita de la artista a la ciudad; en el archivo se conservan otras 19 fotografías del mismo día.
Las fotografías las irán viendo a medida que avance el artículo con su respectiva fuente para consultar en la pagina web de la BBP.
Si Tomás Carrasquilla en la literatura y Pedro Nel Gómez en las artes plásticas son los grandes etnógrafos del Nordeste de finales del siglo XIX y principios del XX Michael Hill Davey viene siendo el homologo, —salvadas proporciones —para lo que vino después. Los cuentos de Oro y selva/relatos del nordeste son la síntesis de lo que aún nos negamos a ver sobre nuestro pasado.
Un antecedente — nuevamente, salvadas proporciones — interesante puede ser la trilogía autobiográfica de Tomás Carrasquilla Hace tiempos. Hill, recoge una parte de la tradición oral del nordeste que vivió y lo hace literatura. Ejemplos de esto se ven en personajes como: Juan Criollo que ya era personaje de la novela Tierra virgen de Eduardo Zuleta publicada en 1897, o los hermanos McGuire mineros dueños de la mina LA CLARA en el alto Porce, o los esposos Hazard mineros y administradores de la mina San Benigno en Anorí, o Byron Canney minero de la mina Providencia en Cisneros; a los que no alcanzó a conocer. O Eustorgio Méndez el naturalista el entomólogo y zoólogo panameño; Knut Norstog biólogo de Fairchild Tropical Garden en Miami; Charles W. Mayers curador del American Museum of Natural History; a los que sí conoció. A Kira la podría ubicar entre los que no conoció porque como en el caso de dos de los McGuire, los Hazard o Byron Caney coincidió en vida con ellos pero tenía menos de 10 años.
De todas maneras la literatura es eso: hacer que una cosa sea otra y aunque su pluma era muy limitada Hill Davey logró capturar el ethos de una época.
En ese contexto escribe La muchacha del circo. Transcribo el texto integro de libro póstumo ORO Y SELVA/RELATOS publicado en 1998 por el Fondo Editorial Biblioteca Pública Piloto, la Asociación Colombiana de Mineros y la Fundición Gutiérrez. Transcribo sin quitar ni poner siquiera una coma. A Hill Davey que a pesar de ser Colombiano dicen que “hablaba con propiedad en un español que nunca aprendió a hablar correctamente” intuyo que lo mismo le pasaba con el español escrito. El afán (digo yo) por hacer el homenaje póstumo (murió en 1997) evitó una corrección de estilo adecuada al manuscrito. El cuento, como dije arriba, fue re-publicado y corregido por Universo Centro para la edición 66 (es la edición más recomendable).
LA MUCHACHA DEL CIRCO
La historia de Kira, una pequeña y hábil alemana que fue a Segovia
Todos los seres humanos han amado con especial intensidad algo que les ha llamado la atención en la vida, algunos han amado y se han dedicado con empeño a varias cosas. La primera guerra mundial había terminado dejando un mundo cansado y con grandes problemas económicos. En algún momento de esta vacilante época de la posguerra en los años 20, en Hamburgo, Alemania, nació una niña a quien le pusieron el nombre de Erika, hija de la familia Heckner, que era una familia típica de la clase media de la Alemania de aquella época.
La niña recibió una excelente educación en un colegio privado de Hamburgo pero como vivía en las afueras de la ciudad y cerca de un club ecuestre, desde muy niña se apasionó por los caballos. Todo lo que tenía que ver con caballos la embelesaba y al poco tiempo estaba montando ponies en el club. Con el correr de los años se convirtió en un excelente jinete y ganaba premios en las ferias que se organizaban.
En un viaje a Inglaterra con sus padres fue a una presentación del famoso circo Olimpia de Londres y vio allá la actuación de magníficos caballos especialmente entrenados y la forma tan armónica y graciosa en la cual los jinetes pirueteaban sobre ellos haciendo toda clase de difíciles pruebas.
Le llamó especialmente la atención la actuación de una niña no mucho mayor que ella, vestida con un bello traje de lentejuelas que hacía malabarismos, saltaba a través de arcos sobre un magnífico corcel en movimiento. Quedó fascinada y con una profunda impresión que marcó toda su vida. Decidió que ella también iba a ser jinete del circo y cosecharía los más grandes y estruendosos aplausos del público admirador.
En 1935, ya como niña prodigio de la disciplina ecuestre en un prestigioso circo alemán de Berlín, tuvo que ingresar en el movimiento juvenil Nazi de Hitler que era obligatorio para todo joven alemán de aquella época. Allá la adoctrinaron en la política Nazi enseñándole la superioridad de su raza, el periodo del Tercer Reich y la inferioridad de las minorías étnicas. Se le enseñó que Alemania iba a conquistar y ser dueña del mundo durante mil años.
Después de algún tiempo, Erika, quien cambió su nombre a “Kira” con fines profesionales para sus presentaciones ecuestres en los circos, empezó a actuar en los circos de otro países europeos con el fin de hacer sus números, los cuales eran fantásticos y recibían los más grandes aplausos de la multitud de público que asistía a estos eventos. De vez en cuando el gobierno de Hitler le encomendaba hacer algunas averiguaciones de asuntos en que estaba interesado cuando viajaba a países como Inglaterra, Francia, Austria, Checoslovaquia, Polonia y Rusia. Ella, muy discretamente hacía las averiguaciones y luego presentaba informe a sus superiores en el movimiento juvenil.
Para sus presentaciones Kira utilizaba un ceñido traje blanco con lentejuelas nacaradas. Este traje terminaba en una cortísima y ancha falda con pliegues. Fijaba su largo pelo rubio con una diadema blanca que tenía relucientes piedras, sus zapatos también eran blancos del tipo que utilizan las bailarinas de ballet, en sus manos cargaba largos fuetes también blancos y relucientes. Siempre montaba finísimos corceles blancos de pura sangre. La muchacha del circo era apuesta, impecable en la actuación. El público se enloquecía cuando montaba sobre su saltante y bello corcel, hacía traquear los largos y brillantes fuetes, como para amenazar y domar el brioso y hermoso caballo sobre el cual cabalgaba.
En poco tiempo Kira se volvió una de las más apreciadas y famosas actrices de circo, mundialmente renombrada y buscada por todos los circos del mundo. En 1939, al empezar la segunda guerra mundial, Kira se encontraba actuando en el famoso circo “Taire” en un país centroamericano. Debido a su fama y al hecho de que los países centroamericanos y suramericanos no estaban en guerra contra Alemania, Kira no tuvo ningún problema y siguió viajando con el circo haciendo sus presentaciones. Con el tiempo el circo Taire, muy conocido en Colombia y admirado por todos los colombianos, extendió sus presentaciones para que no sólo incluyera las ciudades sino también los pueblos.
Recuerdo que cuando niño en Segovia los hombres hablaban en voz muy baja y muy arrimados de oídos, de los dotes y las maravillas de Kira, La Muchacha del Circo, de su cortísima falda de pliegues, de sus hermosas piernas esbeltas y largas, de su insuperable belleza y su agilidad de amazona montada sobre brioso corcel. Entre todos los hombres del pueblo se creaba tremenda lujuria con todas estas fantasías baldías.
Llegó el día, en algún momento entre 1939 y 1942 en que el cirto Taire anunció su visita para hacer varias presentaciones en Segovia, recuerdo que se anunció con un afiche a todo color mostrando a Kira con sus atrayentes y comentadas extremidades plantadas sobre un animado ejemplar equino de color palomo. Un afiche digno de los que se utilizaban para anunciar las corridas de toros de aquella época.
Resulta que en aquellas castas y púdicas épocas cuando las faldas no mostraban más que los tobillos so pena de causar un escándalo en todo el pueblo, el párroco de Segovia era el padre Yepes, conocido por sus feligreses como el “Padre Ratón” por su pequeña estatura, delgada contextura física y rapidez de mente y movimiento. Era producto del Seminario de Yarumal, oriundo de Santa Rosa o de Donmatías y había sido ordenado por nadie menos que por monseñor Miguel Ángel Builes quien en aquella época se respetaba casi como si fuera un santo en vida.
Al padre Yepes le disgustó muchísimo la idea de que el circo Taire fuera a hacer presentaciones en su pueblo y la perspectiva de Kira montada en su saltante caballo blanco como la paloma del espíritu santo, debió haberle causado desvelo y náuseas.
Todos los días arremetía desde el púlpito y por el alto parlante de la iglesia parroquial contra el circo y su pecaminosa estrella, atribuyéndole cualidades que le hubieran traído dotes y atribuciones en una de las cantinas de bombillito rojo en el barrio La Montañita de la población, donde con el reparto de sus atributos podría haberse enriquecido con el oro de los complacidos feligreses.
Este párroco bien indignado consignaba el circo al eterno candeleo del infierno, tildando, su mujer estrella de ramera experta en la profesión y de conocido reparto a nivel mundial. Declaraba que las presentaciones serían impúdicas, pecaminosas, y que echarían a perder las buenas y respetuosas costumbres del pueblo. Mandó a Kira al infierno a abrasar al complaciente diablo y proclamó que los parroquianos que llegaran a asistir a semejantes bacanales que presentaba el circo serían excomulgados en forma fulminante. Estos arrebatos, claro está, estaban completamente y complacidamente respaldados por las ancianas, beatas y solteronas del pueblo, quienes, en Segovia por alguna extraña razón, siempre más bien han sido más pocas.
Tanta fue la inquietud y el afán del bien intencionado padre que reunió al alcalde y a todo el Concejo Municipal en la iglesia, donde expuso sus altivas ideas y renegó contra el circo conjurándole una gran maldición, cosa que no le pareció nada raro a la población de Segovia ya acostumbrada durante largo tiempo a peores brujerías. Terminó la reunión con una amonestación para el Alcalde y los Concejales y una exhortación de que no permitieran las infernales presentaciones del circo Taire en Segovia, en fin pues, que ni siquiera se dejara el circo arrimar al pueblo.
El Alcalde y los Concejales se fueron muy disgustados para un caramachel de cantina de mala muerte que existía en la Calle Real y después de reunir mesas esmaltadas y taburetes férreos, pidiendo botellas de “Guaro”, se pusieron a discutir los acontecimientos de la iglesia, con algunos comentarios comparativos en los cuales salieron bien librados los roedores de las alcantarillas del pueblo.
Entre más discutían más se acaloraba la sesión y más vociferantes se volvían las exposiciones de cada participante, llegando hasta el punto en que para mayor claridad varios vaciaban vocalmente su alta calidad de sabiduría a un mismo tiempo, todos expresaban que estaban inconformes con las tesis expuestas por el aguafiestas párroco. Ni por el diablo iban a echar a perder la exhibición de Kira y su elenco: se expondrían al desprecio de los machos del pueblo y se echaría por “fa” su reelección en los próximos comicios.
Todos los varones del pueblo estaban a la expectativa de la presentación de Kira y no se les podía defraudar sus fuertes anhelos de observar las cualidades carnosas de La Muchacha del Circo. Ya una multitud del pueblo se aglomeraba en las puertas de la cantina, comentando, riendo y aplaudiendo las sabias decisiones de sus líderes. Finalmente llegaron las doce de la noche cuando se fueron juntos con todo el mundo a palpar y saborear los misterios y deleites de la peligrosa y concurrida vida nocturna de La Montañita.
Al siguiente día la administración proclamó que el pueblo no podía seguir en el atraso material que tenía frente al resto del mundo, por consiguiente se tenía que actualizar y modernizar en el campo de las artes culturales. Se empezaría este trascendental progreso con la presentación definitiva del famoso circo Taire en el Teatro Municipal de Segovia, escenas que tendrían lugar a las 9 de la noche y que serían sana diversión para el pueblo.
El párroco se enfureció con esta decisión la cual, se dio cuenta era irrevocable. Redobló sus esfuerzos desde el púlpito y por el altoparlante de la iglesia, condenó al alcalde y a los Concejales, proclamó que prohibía la asistencia de menores de 18 y damas de bien que presenciaran a semejantes escenas vulgares e inmorales. Finalmente le echó una enorme maldición al pueblo asegurando que no tenía redención y que definitivamente tendría una condena atroz dirigida personalmente por el diablo. No sé cómo el circo Taire logró traer sus actores, equipo, caballos y tres o cuatro feroces leones por la Trocha de Guacharacas a Segovia, pues aun no existía la carretera a Medellín ni el ferrocarril a la estación de Sofía, tampoco existía el aeropuerto regional de Otú. Seguramente el circo también hizo presentaciones en el camino en Barbosa, Cisneros, Yolombó, Yalí y Remedios.
Todo el elenco se debe haber venido a mula a través del monte, por los barriales y los canalones hondos y angostos que era la Trocha de Guacharacas en aquella época. Seguramente a los bravos y altivos leones los transportaron en jaulas en forma de turega sobre dos o cuatro mulas. Se habla de llevar leña para el monte, pues así debió haber sido la cargada de los leones a través de las selvas del nordeste antioqueño. Nos imaginamos el terror y desconcierto de las mulas al olfatear el hedor de su temerosa carga y oír sus espantosos rugidos. Además ¿cuál sería la reacción y los pensamientos de los arrieros a quienes les tocó guiar esa extraña recua a través de los montes del nordeste y cuál habrá sido la actitud de los animales nativos, al contemplar la temerosa simetría de estos extraños y majestuosos animales salvajes, reyes de la jungla de otros continentes, a través de los barrotes de sus miserables jaulas?
Ya para llegar a Segovia el circo paró para hacer varias presentaciones en Remedios, que fueron muy bien recibidas por los felices hombres de aquella población y muy repudiadas por su furioso párroco. Finalmente la cabalgata y su extraña recua, todos sucios, empolvados, enlodados, sudorosos y cansados, hicieron su entrada triunfal a Segovia, cruzando las vegas del Guananá, cruzando en forma muy irreverente frente al monumento a la Virgen y subiendo por la calle de La Banca al pueblo. Al lado de la vía se hicieron los curiosos, niños, jóvenes, hombres, mujeres y ancianos para ver pasar tan singular, exótico y vulgar espectáculo, para luego disfrutar de comentarios y relatos para todo el resto de la tarde y hasta altas horas de la noche. Cansados mineros aun descamisados, con atuendo de parumas de cuero, botas de caucho embarradas, cascos aún con sus lamparitas de carburo apagadas, llegaban a sus casas en Guananá, La Banca y el pueblo para bañarse y gozar con los nuevos chismes extraordinarios que saltaban de boca en boca: leones, corceles blancos como la nieve, fornidos jóvenes rubios, bultos de misteriosos aparatos y personajes con caras alegres y bocas chistosas y muchas cosas más eran los dichosos comentarios que recorrían las calles y las casas del pueblo. “¡Llegó el circo!” “¡Llegó el vulgar y pecaminoso circo Taire!” “¡Llegaron los peones con los leones!” Llegó, sobre todo llegó, la soñada y sublime hermosa mona Kira con cinco de sus fuertes, altivos y hermosos caballos blancos capaces de poner en ridículo el famoso padrón de Mr. Simpson, jefe de vigilancia de la compañía. Anticipaban con dicha los hombres los exquisitos deleites visuales que sabían que ofrecía el circo y que con la derrota del cura estaban seguros de disfrutar.
Llegaron los cansados viajeros a las modestas comodidades que ofrecía el Hotel Segovia de Heriberto Sereno, quien pulcro, correcto y tranquilo atendía todas sus necesidades y caprichos. Baño, descanso y comida eran las necesidades inmediatas. Los equipos los hicieron descargar en el salón del llamado Teatro Municipal y fueron encomendados a un vigilante. A los leones en sus jaulas se los llevaron de vuelta a Guananá y fueron puestos al lado del matadero donde el olor a carne y sangre los mantuvo rugiendo toda la noche causando tremendo y aterrador desvelo para todo el infortunado vecindario que conocía demasiado los caprichos de estos animales en las películas de Tarzán que se presentaban a veces en el teatro. Los hombres del pueblo se desvelaban más bien pensando en las sensuales piernas de la bella Kira.
El Teatro Municipal de Segovia, en aquella época, quedaba en el interior de la alcaldía, sobre el costado norte de la plaza principal. Estaba hecho en bahareque y era de dos pisos. Debió haber sido en otra época una enorme casona con un gran patio empedrado en su interior, donde se resguardaban, cargaban y descargaban las enormes recuas de mulas que llegaban al pueblo. El patio era rodeado por un gran balcón de madera que sobresalía en el segundo piso, tipo de construcción bastante común en el nordeste antioqueño durante aquella época. Este patio, más tarde, había sido cubierto con una gran estructura de gruesa madera que soportaba un techo hecho con hojas de zinc. Esto creó un enorme salón que servía de día como recinto para las sesiones del Concejo Municipal y de noche como teatro. La Alcaldía y la cárcel funcionaban en los cuartos que rodeaban el patio en ambos pisos. Los presos ansiaban las presentaciones del circo tanto como los hombres del pueblo, ya que las rejas les permitían una visión al interior del teatro.
Al siguiente día llegó el elenco del circo al teatro recinto a armar sus aparatejos. Hubo mucha trepada a los balcones para armar cuerdas y alambre, se pusieron potentes reflectores en los balcones y se tendieron una maraña de cables eléctricos. Hubo arrumada de rejas para jaulas y tendida de telones, hubo ensamblada de una pista redonda en el suelo y la cubierta de éste con aserrín. Finalmente se tendieron cortinas para formar camerinos y se cuadraron todo tipo de banca y asiento, al que se le pudo echar mano, alrededor de la pista, luego se le hizo el debido aseo al piso y todo quedó listo para la noche del debut en Segovia del famoso circo Taire.
Las boletas para la presentación se habían agotado desde la noche anterior, acaparadas por los muy machos del pueblo y hubo reventa con poca oferta y mucha demanda.
A las seis de la tarde hubo desfile de matronas y niñas dirigido por un furioso cura, quien entonaba el rosario y escuchaba el murmullo de responsos, mientras piadosos dedos recorrían los bien gastados rosarios. Entre responso y responso el buen padre maldecía el circo Taire, sus leones, Kira sobre todo, a quien tildaba de prostituta extranjera y a los hombres del pueblo por tener tanta lujuria. Volvió a maldecir todo el pueblo: alcaldía, alcalde y concejales y al fin se internó en la iglesia con su tropel de feligreses.
“¡Que viva el circo!”, “¡que viva Kira!”, “¡que vivan los leones!”. Llegaron los mineros en ambiente festivo, cada cual con sus botellas de aguardiente terciadas y tomando a pico de botella, listos para el gran espectáculo a pierna pelada.
Pocos años antes había visto la presentación completa del circo Taire en Medellín, con su gran carpa de cuatro mástiles y tres pistas, su magnífica orquesta uniformada que tocaba marchas patrióticas de aquella época de guerra; conocí su multitud de animales, leones, tigres, cebras, elefantes, jirafas, chimpancés, perros amaestrados, sus actores, los trapecistas, los malabaristas, los payasos, los domadores y por supuesto la bella Kira y sus magníficos caballos. También había visto el famoso circo Olimpia en Londres y años después iba a ver el más famoso de todos, una presentación de Wringling Brothers y Barnum and Baily en Nueva York. En realidad lo que había llegado a Segovia no era ni sombra del circo Taire, sino un grupo de sus actores y animales.
El estreno del circo en Segovia no me tocó pero me imagino que debió de haber sido tremendo espectáculo para un pueblo de ese tamaño, tanto en la pista como entre la borrachera y la lujuria del público asistente, como en el parque frente a la alcaldía donde se reunió el párroco con lo que quedaba de sus protestas. Los comentarios del día siguiente fueron favorables, llenos de grandes elogios para Kira y sus maravillosas piernas, su pequeña falda brillante y sus relucientes calzones blancos que apenas se podían ver momentáneamente durante piruetas sobre los caballos.
Pocas noches después fuimos los niños a la presentación del circo, al fin y al cabo éramos los hijos de los demonios ingleses, ateos a quienes no cobijaban las maldiciones del cura. Nosotros ni siquiera nos dimos cuenta del problema habiendo visto circos en otras partes.
Aunque era niño, recuerdo bien el interior del Teatro Municipal en aquella noche: primero la tanteada para sillas o bancas en la semi oscuridad, luego la prendida y el baile de los rayos de los reflectores sobre los balcones, la pista reluciente y las trompetadas de la Banda Municipal que amenizaba la velada, los payasos en la pista haciendo sus chistes y dándose sus sorpresivos golpes para hacer reír a un público alegre. Los acróbatas que en lo alto, casi al nivel de los balcones, se columpiaban temerariamente por los aires, los aplausos de la bancada de chiquillos, los malabaristas con sus extrañas botellas de palo en el aire que nunca dejaban caer, el redoblar de los tambores en los momentos críticos y dramáticos cuando todo el mundo contenía el aliento, la armada de la jaula de leones sobre el piso de aserrín y el guapo y sudoroso domador, que los hacía saltar con su taburete y látigo de un puesto a otro, brincar de un lado a otro y sobre todo abrir la boca, mostrar los temibles colmillos y rugir. Aplausos y más aplausos, silbidos y gritos de la borracha bancada. Aplausos y más aplausos, silbidos y gritos de la borracha bancada.
Finalmente después de más payasos y risas, con estampida de pies, silbatos, aplauso y gritos de aprobación, la alba y diamantina Kira con sus albinos y perfectos caballos. La pequeña hada alemana de esbeltas piernas manejaba sus largos látigos a perfección, haciendo correr sus cinco caballos alrededor de la pista. Chasqueando el látigo les indicaba la orden para parar, reversar su briosa carrera o arrodillarse. Todos estos movimientos al son de los trompetazos de la Filarmónica Municipal.
Llegó el momento culminante y hubo nuevos aplausos, gritos, silbidos y estampilladas de pies en la gran barra de borrachos jubilosos y ensusiasmados. Kira, ágilmente, saltó al lomo de un corcel en movimiento parándose en él mientras los demás caballos seguían su carrera ininterrumpida alrededor de la pista. Sobre las ancas de la bestia hacía chasquear sus largos látigos mientras guardaba el equilibrio con la gracia de una bailarina de ballet con bata corta y cucos al público. Hubo gran manifestación de aprobación y entusiasmo de la bancada de los borrachos, luego Kira empezó a hacer saltos mortales sobre el lomo del caballo en movimiento lo cual causó locura entre la bancada de borrachos admiradores. Finalmente y como culminanción Kira hizo saltos mortales de una bestia a otra hasta completar los cinco del ruedo. Esto causó absoluto delirio y mucha empinada de codos y botellas de aguardiente entre los románticos e ilusionados de la barra. Kira mandó guardar sus caballos e hizo múltiples venias de agradecimiento al público que enloquecido completamente hacía retumbar el teatro a gritos y aplausos de entusiasmo: “¡Otra!”, “¡otra!”, “¡otra!”, repetían y repetían, y Kira los complació con muchas otras esa noche. Finalmente el persistente cura y sus beatas desocuparon la plaza, los niños se fueron para el campamento de la empresa, Kira y su elenco bien custodiado se fueron para su hotel, la banda que ya estaba borracha y los felices borrachitos se fueron a armar bacanal en el barrio La Montañita, reinó la paz y la tranquilidad en la plaza principal del pueblo quedando como único ruido en el silencio el zumbido de los grillos.
Muchas veces, durante los años, he reflexionado sobre la pequeña alemana. Me pregunto ¿cómo se sentiría actuando en un pequeño pueblo metido en la selva colombiana después de haber actuado ante emperadores, reyes, zares y toda la nobleza europea, presidentes y dignatarios de los países de América? ¿Estarían sus pensamientos en su niñez de Hamburgo? ¿En sus padres? ¿En los tremendos bombardeos y depravaciones que sufría la Europa de entonces? ¿Se sentía desterrada por no poder volver a Europa en medio de una guerra? Me preguntaba si sabía cuál era su popularidad en los pequeños teatros de los pueblos, la atracción que ejercía sobre sus admiradores delirantes. Y fundamentalmente ¿cuál era su razón de hacer largos, duros y hasta peligrosos viajes a estos pequeños y en el contexto mundial, casi desconocidos pueblos de Sur América? Más adelante sabría la respuesta a esta última pregunta.
De Segovia el elenco siguió por la trocha de Zaragoza donde una noche se les escapó uno de los leones. Debe haberle ido muy mal en el monte pues se encontró con un par de sorprendidos jaguares que nunca habían visto o soñado a semejante bestia antes, entre los dos le dieron una enorme palizada escuchada por el aterrorizado elenco. Ya al siguiente día el león muy maltratado y mordido amaneció en su jaula abierta, arrepentido de su corta escapada.
Presentaciones en Zaragoza, San Marcos, Mompox, El Banco y Magangué fueron repeticiones de los escenarios presentados en Segovia. Finalmente en Barranquilla se unieron con el resto del circo Taire y viajaron para la República Dominicana. Posteriormente hicieron un tour en Venezuela siguiendo a Willemstad en Curazao. Allá embarcaron otra vez para Colombia y navegando hacia Santa Marta, el buque fue torpedeado frente a la costa de La Guajira por un submarino alemán y hundido, perdiéndose el gran circo Taire y parte de su elenco. Kira sobrevivió y después de llegar a Barranquilla desapareció de la escena por algún tiempo.
Más tarde apareció en primera página de la prensa colombiana el titular: “Espía alemana muerta en la Ciudad de Panamá”. Y procedía a informar que el FBI había matado a Kira, en su cuarto, en un prestigioso hotel de Ciudad de Panamá, que se trataba de la famosa domadora de caballos que había viajado por toda Latinoamérica. Informó además que era quinta columnista del partido nazi quien disimulada como actriz de circo había mostrado siempre gran interés en bases militares y aéreas, buques navales y movimientos de buques comerciales, planos de aeropuertos, ferrocarriles y carreteras. Finalmente siempre buscaba la amistad de los políticos importantes y los altos mandos militares de los países que visitaba. La información la mandaba en clave a Berlín a través de radiotransmisores que tenían otros quinta columnistas en Latinoamérica.
La habían seguido cuando estaba espiando las esclusas de Miraflores del canal de Panamá y la base aérea de Allbrook del comando sur norteamericano de la zona del canal. Así terminó la vida de una pequeña alemana rubia, lejos de su nativa Hamburgo y su hogar. Otra víctima de doctrinas fanáticas y estúpidas, producto del medio ambiente que le asignó el destino en su niñez. Los viejos verdes de los pueblos y algunos de nuestras ciudades todavía sollozan y se llenan de anhelos cuando recuerdan a Kira, La Muchacha del Circo.
Pocos años después en el barrio Aranjuez de Medellín hubo un antioqueño muy pero muy varado, mejor dicho en la olla, así como nos ha tocado a todos los antioqueños en un momento u otro. Este antioqueño hambriento y deshilachado se pasaba días y noches enteras echando cabeza sobre cómo volverse millonario, así como la pasamos haciendo todos nosotros. Finalmente después de reventar cabeza se le prendió el bombillo y se puso las pilas. Primero compró un pedazo de linóleo flexible, confeccionó un rodillo especial con un viejo rodillo de panadería, luego encontró una horqueta vieja de bicicleta y la amplió de tal manera que le cupo el rodillo.Finalmente sobre la lámina de linóleo del mismo ancho del rodillo cortó y dejó en alto relieve la figura de Kira, La Muchacha del Circo a quien había visto actuar una noche en Marinilla su pueblo natal. La recortó mostrándola sobre su brioso corcel con falda muy cortica y piernas muy lindas. Está parada sobre las ancas del caballo saltón y en sus manos tiene los látigos largos que está haciendo chasquear. Terminada la obra de arte, envolvió y pegó la lámina de linóleo alrededor del rodillo, de tal manera que cuando se metía el rodillo en un charol de pintura para luego aplicarla en un papel, empujándola hacia adelante dejaba repetidas y bellas imágenes de la esbelta Kira en el circo.
En aquella época de guerra la pintura era escasa y aún no se había inventado el vinilo. Los antioqueños todavía acostumbraban empapelar las paredes interiores de sus casas pues consideraban los diseños elegantes y de moda. Muy bien para los ricos que compraban fino papel con bellas estampas traído de Estados Unidos o Europa. Pero a la gente humilde también le gustaba estar de moda y anhelaba paredes estampadas con figuras. Pues nuestro genio antioqueño viajó por todo el departamento y tal vez a otras partes del país decorando con la estampa de Kira, la Muchacha del Circo, miles de paredes y hasta cielo rasos, dejando huellas más perdurables que la vida para esta brillante alemana.
Me he encontrado con Kira, La Muchacha del Circo, en infinidad de casas y hoteles de pueblos antioqueños, gracias a este ingenioso que debió haberse vuelto rico con su rodillo.
Muchas veces cuando me recuesto en algún humilde cuartico de hotel de pueblo y miro alrededor, resalta la alegre figura de Kira quien cabalga airosa alrededor de las paredes y hasta en el cieloraso en una eterna repetición de figuras. Inmediatamente mis pensamientos regresan a la presentación de la mujer en vivo en el Teatro Municipal de Segovia, luego apago la luz y en mis sueños veo otra vez la magnífica figura cabalgada de Kira, la Muchacha del Circo.
Así que recuerde, había en el hotel Unica Intercontinental cinco cucarachas de Bolombolo, Kira bailando en su caballo palomino alrededor de las paredes, pero pintaron los muros y ahora Kira cabalga bajo vinilo blanco. Años después, otro antioqueño fracasado, con ganas de plata aprendió a pintar palmeras, todas exactamente iguales. Contrataba la pintada de una de sus grandes palmeras sobre cada una de las paredes de los cuartos, en este caso encontramos a Kira, la Muchacha del Circo, repetidas veces, infinidad de veces cabalgando detrás de las palmeras del pintor.
La contra portada de Oro y selva/relatos del nordeste es una acuarela del propio Michael Hill Davey y en ella dibujó a Kira:
Lo que me interesa es: por un lado la trascendencia de la visita de Kira que tiene a Hill Davey recordando y escribiendo el suceso más de cincuenta años después; y por otro el retrato que hace de sus paisanos y que no es difícil de creer habida cuenta de que fuimos y seguimos siendo esa misma raza novelera.
Hay datos de la visita de Kira en el libro RELATOS NO CONTADOS historias de la danza en Medellín 1930-1990 publicado en 2023. En el capitulo contexto de Medellín de los años cuarenta a los años ochenta por Ana Elisa Echeverry y Carolina Posada Restrepo registran el paso de Kira por Medellín:
«Adicionalmente, entre los años cincuenta y sesenta, Medellín fue visitada por diferentes grupos de danza que inspiraron la creación de grupos y academias, entre los cuales se encontraron: en 1940, Sai Shoki (danzas coreanas) y la bailarina exótica Kyra, con su danza de abanicos y la danza del globo….»
Con la fotografía:
Descripción: La famosa bailarina “Kira”- 1940. Francisco Mejía, fotógrafo. Imagen publicada en Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina. 150 años de fotografía. Medellín Archivo fotográfico de la BPP.
En el capitulo sobre fotografía del libro Historia de Antioquia recopilado por Jorge Orlando Melo también aparece una de las fotografía de Kira tomadas por Francisco Mejía.
También datos de la visita de Kira a Puerto Rico en 1939 en el libro de 1967 Orígenes y desarrollo de la afición teatral en Puerto Rico-siglo XX de Emilio J. Pasarell:
«Para finalizar esta década y capítulo anotamos la actuación el 5 de marzo de 1939 de la despedida de Amalia Molina con bailes, canciones y el sainete de los hermanos Álvarez Quintero Agua milagrosa; de la pareja Luana Alcañiz Juan Puertas; con el maestro José M. Mollá; la gran bailarina Kyra …»
La reacción, que retrata Hill Davey está documentada en la prensa de la época. La fecha exacta de la visita de Kira a Colombia es julio del año 1940. En la tesis de Gabriel Felipe Rodríguez Guerrero titulada Tiempo libre en Bogotá en la primera mitad del siglo XX: tiempo de transformaciones especiales y de formación en actividades ociosas publicada en 2025 documenta la presentación de Kira en Bogotá:
«(…) Un ejemplo de esto se presenta en 1940, inicio de la segunda guerra mundial cuando el conflicto en Europa y en el lejano oriente son aún conflictos regionales, y artistas de estos lugares viajan huyendo de la guerra o tratando de mostrar otra cara de los involucrados. Las bailarinas Kyra, Vera Zorina y Sai Shoki, son ejemplo de esta situación; la primera llega en julio de 1940 a la ciudad y se anuncia su espectáculo en el Colón para el 16 de julio, en este momento en particular, el Colón depende del Ministerio de Educación y este ministerio específicamente ha estado bajo el fuego de la prensa conservadora desde el ascenso liberal al poder iniciando la década de los 30’s por las reformas educativas y todas las consecuencias al respecto; el Ministerio de Educación lleva una serie de actividades culturales en las dependencias mas importantes de la ciudad y las publica frecuentemente en los periódicos; al anunciarse la presentación de Kyra es criticada en la medida que se trata de una bailarina “exótica” que ya para la época comienza a tener otras connotaciones, en nota de prensa en el Espectador, el ministerio aclara que no la ha traído y que ella viene por su cuenta y que le ha sido cedido el Colón por su prestigio y por presentar documentación en la que acredita que se ha presentado incluso en el Teatro Nacional de Méjico, la nota está acompañada de una sugerente foto en la que aparece casi completamente desnuda, probablemente escogida por el periódico liberal para enfurecer aún más a la prensa conservadora; Kyra se presenta dos veces en el Colón con gran éxito y en el programa publicado el día de estreno, bajo la batuta de Oriol Rangel, aparece lo que sería un programa en su mayoría de ballet clásico, sin embargo hay una nota al final que dice:
“Kira, al usar la brillante pintura negra, se expone a que peligre su vida, si pasa el corto plazo que debe dejarla en su cuerpo”.
Lo cual va dejando claro de que se trata parte del “vestuario” en el espectáculo; posteriormente Kyra se presenta en el Municipal (que le pertenece a la ciudad) en tres ocasiones y en el anuncio de su última presentación en este teatro, ya simplemente se anuncia su espectáculo como la Danza de los abanicos. No hay mayor información sobre Kyra, su procedencia y sus rutas por este continente, pero hizo parte de los artistas exiliados de la guerra».
En la tesis están los dos siguientes recortes de periódico:
Ambos recortes publicados en julio de 1940.
En Medellín también está registrada la polémica. En Notas al editor de la Revista MICRO Nº 40 del 3 de diciembre de 1940:
Otro caso de publicidad: Kira es una señorita que tiene un cuerpo escultural, tan escultural y bello como el de millares de mujeres. Pero Kira resolvió que en la perfección de sus líneas estaba el más productivo “modus vivendi” y … amaneció cualquier día convertida en bailarina. Si, señores, Kira compró un toca-discos, cinco grabaciones, tres abanicos, una “bomba” de caucho, unos cuantos velos bien transparentes y … a bailar tocan!!.
Nos irán a decir que no podemos criticar baile porque no somos bailarines: muy lógico de ello en una tierra donde todavía se cree que para criticar hay que saber más que el criticado. Pues aún así nos saldrían atrás, porque nos sentimos unos émulos, de Vera Zorina después de ver “bailar” a Kira. No se explica uno cómo una persona tiene toda la tranquilidad de anunciarse como “una cosa” siendo en realidad “otra cosa”; Kira tiene todo el derecho a decir por la prensa y la radio que es “la más bella exhibicionista llegada a esta ciudad”; o “el cutis más lindo visto en Medellín” o “la sinfonía de las líneas”; o cualquiera otra cosa por el estilo. Pero no le encontramos lo de “bailarina exótica” por ningún lado.
También registramos la visita de Kira, con la aclaración: Medellín está conquistado, catequizado y urbanizado.
Dicha nota (digo yo) debió ser en reacción a la buena acogida del espectáculo de Kira por parte del público de Medellín porque semanas antes en la edición MICRO Nº38 del 19 de noviembre en la sección de reseñas de películas y obras presentadas en la ciudad apenas le dedicaron los dos renglones:
ESTRELLAS Y PELICULAS
«Teatro. KIRA. Una escultural aficionada al baile clásico, que apenas logra deslucir en un simple vals de Strauss.»
En el documento avance a LA HISTORIA DE ANTIOQUIA vida diaria de Antioquia durante el siglo XX salido el miércoles 2 de diciembre de 1987 está otra referencia a Kira:
«Al avanzar el siglo los espectáculos aumentan en número y en variedad. Según el estudio estadístico de Manuel Monsalve Martínez, en 1938 hubo en Medellín 3.541 espectáculos públicos. En 1940 en el Teatro Bolívar se presenta la mexicana Kira, que baila “desnuda” tras dos enormes abanicos de plumas. La revista Micro la anuncia como “pecado mortal”: Kira, bailarina exótica en la danza “Te amo Cristóbal Colón”».
Lo de “mexicana” no sé de donde lo sacarían pero intuyo que se confundieron con lo mencionado por el Ministerio de Educación: eso de que “trae documentos que certifican presentaciones en el Palacio Nacional de México”; como también confundieron el tal anuncio de “pecado mortal” de la revista MICRO pues no se trataba de un anuncio sino de una parodia en forma de cuento del cronista Luis Lalinde Botero.
El cuento en cuestión aparece en la edición MICRO Nº42 la última edición de ese primer año y en la que “tiraron la casa por la ventana” pues publicación para de veinte páginas a cien. Al cuento de Kira le dieron prioridad pues la ubicaron en primera plana, en una página sin cuña y solo después del editorial. Aparte del cuento Kira aparece mencionada en dos apartados más en la edición. La primera es una reseña:
POPAYAN por PRISMA
La presentación de KIRA fue un éxito, a pesar de la mala propaganda por parte de elementos que ven en estos espectáculos una verdadera bacanal y que se mil amores hubieran querido ver aun que a través de un «prisma» para no sufrir el suplicio de Tántalo……?
En la noche del debut, los miembros integrantes de la orquesta que amenizaba el acto sufrieron una especie de colapso y fue más o menos cuando la bailarina ejecutaba la «Danza de los abanicos». No sabemos de qué se acordaron, en todo caso fue tan brusco el cambio que después continuaron interpretando una melodía algo así como «La Cucaracha». Vino luego el bolero de Ravel y entonces se presentó el sincope con caracteres tan alarmantes que les obligó a guardar cinco minutos de silencio.
A nombre de MICRO solicito a los caballeros empresarios de los teatros de la ciudad, se dignen ordenar el descanso o intermedio—como quieran llamarlo—durante las funciones que se proyectan en vespertina y matiné infantil; esto es necesario y ante todo urgente.
Y la segunda en la recopilación de artistas que se presentaron en el Teatro Junín en 1940:
LISTADO DE VARIEDADES PRESENTADAS EN EL TEATRO JUNÍN EN 1940
Artistas que se han presentado en el escenario del JUNÍN
CHUCHO MARTINEZ GIL
CANTORES DEL TRÓPICO
LUPITA PALOMERA
DUO MARTINEZ LEDEZMA
PEDRO VARGAS
HERMANAS AGUILA
LA BAILARINA KIRA
JOSEFINA MECAQ
RENE CABEL
ELENA Y EDUARDO BRITO
RAFAEL FALCON Y MARUJA GOMEZ
El cuento de la primera plana no tiene desperdicio. Los transcribo completo, como con el de Hill Davey, sin poner ni quitar coma:
EL PRIMER BOMBARDEO EN GRANDE ESCALA tuvo lugar hace muchíííísimos años!!!
Crónica “de actualidad” por Luis LALINDE BOTERO.
En el cielo reinaba una agitación formidable. Las Oficinas del Ministerio del Aire estaban que ardían. S. S. el Arcángel San Gabriel, no descansaba de dar órdenes; los siete teléfonos instalados en su grande escritorio, repicaban continuamente, Siete mecanógrafas se rompían los dedos contestando oficios de la más diversa procedencia. SIETE secretarios privados traducían radios y telegramas en clave. SIETE querubines-ingenieros daban los últimos toques a un extraordinario modelo de bomba incendiaria que había de causar sensación en los circulos militares del Cielo. De pronto, uno de ellos desesperado, se acercó a S. S. y le dijo:
—Vea San Gabriel, aquel angelito que va a salir volando por esa ventana me robó un compás!! Dígale que me lo devuelva.
Al escuchar esta queja, S. S. abandonó momentáneamente sus trabajos para tomar de un cajón una honda. En seguida, con una pepa de mamoncillo como proyectil, le apuntó al angelito y disparó pegándole en la pura «mempa». El muchachito cayó privado sobre una escupidera. Le quitaron el compás; le pusieron un esparadrapo en la cabeza y le cortaron con unas tijeras las alitas casi hasta la raíz. Luego San Gabriel le dio unas palmadas en «algún lugar» del cuerpo, mientras decía:
— Toma vagabundo para que aprendás a no ser pícaro!!
El angelito se compuso la bata y salió berreando y jurando que iba a contar a Papá Lindo. Todos reanudaron sus trabajos después del incidente.
Debiase la agitación a que se acababa de recibir una orden de Dios en el sentido de que se prepararan dos divisiones de arcángeles bombarderos para un raid contra los municipios de Sodoma y Gomorra, cuyos habitantes se habían puesto definitivamente insoportables. Únicamente se esperaba la orden de ataque que debería llegar en el momento en que se recibiera una comunicación de la comisión enviada a Sodoma y cuya misión era la de informar a los conservadores sobre lo que Dios preparaba, para que evacuasen la ciudad. La comisión había tenido que ir en lugar de Abraham, pues éste se había excusado el día anterior por «ciertas novedades de su señora…»
Mientras tanto, los tres enviados habían llegado a Sodoma.
Veían a diestra y siniestra cuadros aterradores que delataban la extrema corrupción de sus habitantes. Los cafés estaban repletos de hombres borrachos y de mujeres jaladísimas. Casi todos bailaban rumbas y congas. En algunos podía observarse detalles francamente escandalizadores, por lo cual los enviados, al pasar, metían las cabezas debajo de la alas. En una esquina había un grupo de gentes que leían un aviso una mujer empelota. El aviso decolocado al pie de un retrato decía:
Los del público decían:
—Hay que venir a esto!
—¿será bonita?
—A que es un «güeso».
—Qué curvita, noe?
—Muy caro a peso!
—A que no se empelota toda…
—A que sí!!
Un borracho gritaba:
—Es un robo!!
Otro pedía:
—Tráigame a Kira!!
Pero todos estaban felices con el espectáculo que se anunciaba.
Uno de los enviados celestiales comentó con sus compañeros.
—Eh! Ave María si está bien corrompida esta gente. Vean aquel par!! —y señaló con la punta del ala a dos borrachos que en la mitad de la calle bailaban una cumbia moviendo las caderas lo más maluco.
—Dónde vivirá Lot? Vos sabés? — preguntó el mismo a su compañero de la derecha.
—Hombre, esperate a ver… yo traía la dirección en un papelito que dio el Señor… —y buscó la cartera —aquí en la cartera. Eh!! vea pues que vaina!! Me robaron la cartera!!
Todos se metieron las manos al bolsillo y luego gritaron:
—A MÍ TAMBIÉN!! AH GENTE LADRONA!!
—Caminen preguntémosle al de aquella tienda. El tendero en cuanto los vio entrar preguntó:
—Ron o whisky?
—Nó señor. Venimos a preguntarle dónde vive Lot.
—Lot qué?—preguntó el tipo.
Los enviados se miraron asombrados. Al Señor se le había olvidado ese detallito. No sabían el apellido de Lot, pero uno de ellos, que tenía iniciativas estupendas, respondió:
—Hombre el apellido no lo recordamos, pero es un viejito chiquito, casi calvo, muy gordo, muy rezandero…
—Y que tiene dos hijas muy pispas?—preguntó el tendero.
—Sí!!—afirmaron los enviados sonriendo y pasándose las lenguas por los labios.
—Y una mujer más curiosa que un gato chiquito?
—Sí!
—Pues ese es Lot Berrio!! Vean — dijo saliendo a la mitad de la calle—vive en aquella casita de la entrada al pueblo.
—Muchas gracias señor.
—No hay de qué. Pero verdad, no van a tomar nada?
—No señor. Nos hace daño para las alas—contestaron al tiempo y se fueron para donde Lot Berrio.
—Ni que fueran bogotanos—dijo el tendero al verlos partir.
Lot estaba sentado en el vestíbulo. Leía El Siglo. Las niñas estaban remendando unas medias y la señora, asomada por el hueco de cristal roto, le echaba pupila a un cachaco muy sospechoso que estaba parado en la esquina.
Cuando los enviados golpearon, Lot salió formalísimo a recibirlos.
—A sus órdenes los señores, qué desean? —dijo abriendo la puerta a medias y mirando por encima de las gafas.
—Vea don Lot, veníamos a ver si usted…
—No, muchas gracias!—Interrumpió Lot al notar que uno de los enviados tenía aspecto de vendedor de clubes de vestidos—No necesito!!!—y ya iba a cerrar la puerta, cuando el mismo ángel que hablara antes, le dijo:
—Oiga don Lot, venimos de parte de Dios!!
No fue necesario nada más para que Lot los hiciera entrar y se pusiera a su disposición.
—Bueno, viejo. Y diz que usted es el último godo que hay aquí?
—Y a mucho honor chatos queridos, —contestó Lot—Éramos cuatro pero justamente hoy hace ocho días que mataron a los otros tres en la calle del Chumbirabe porque andaban con los escapularios por encima de la camisa. Yo estoy muy asustado porque estos negros son más malos…
—Pues viejo querido, vaya cogiendo lo más necesario y eche pal monte porque Nuestro Señor está muy bravo con estas gentes y va a destruir la ciudad. Así es que lárguese de aquí a la carrera porque si no usted también chupa. Esto se va a poner maluco. Haga de cuenta Londres!!
—Eh, no digan!!Así es la cosa? Oigan pues muchachas lo que está diciendo este señor. Y vos Sara dejá esa miradera para la calle. No parece sino que estuvieras enamorada de ese cachaco. Hijue la vieja!
—Y vea hombre Lot. Cuando salgan del pueblo, que nadie mira para atrás aunque oigan y sientan toda clase de ruidos. Sigan derechito bien formales y váyanse a la finca de Abraham que él les tiene ya preparada la pieza. Se despidieron y salieron derecho hacia la telegrafía. Allí pusieron el siguiente telegrama:
49678, 89004648, 8585959, 9494949
93939, 8299888 8447475, 74744920
029293, 949494, 5439202, 9944848,
219030, 191473, 18696668, 11313161
18171616 (1)
De la Oficina de Correos y Telégrafos Celestiales situada en el edificio adyacente a la policía, salió volando un ángel-cartero. Después de dar unas cuantas vueltas se detuvo en una casita situada al pie del Parque «Fe, esperanza y Caridad». Recostado contra la pared estaba un venerable anciano de luenga barba y de hábito negro leyéndose una novelita. El cartero le entregó el telegrama. El anciano firmó el recibo y se guardó el lápiz del cartero en el bolsillo, pero al terminar de leer el mensaje, llamó:
—Oiga! Vea! Pedazo de animal. Todavía no estamos a 28 de diciembre. Venga! Este telegrama no es para mí! A tomar del pelo a su madre!!
De nuevo leyó la dirección del cartero.
—Pero la dirección telegráfica suya no es GABRIELA?
—No señor! Ni más faltaba. Está usted hablando con San Gabriel, abad y confesor. Y además aquí no dice Gabriela sino 49.678.
—Ah hombre bruto que es el jefe mío. Excuse San Gabriel.
Poco rato después el telegrama le era entregado a San Gabriel Arcángel.
—Dónde está el libro de claves?
Dos horas se emplearon para hallarlo. Lo tenía el angelito que el día anterior había tratado de robarse el compás. Nueva pela y en cosa de diez minutos estuvo el telegrama descifrado. Decía:
SODOMA 15.
GABRIELA.
EL CIELO
COMUNIQUE AL SEÑOR TODO LISTO. STOP. MAÑANA DEBUTA KIRA. —STOP. NOS PODEMOS QUEDAR?—STOP. heil gabriel. LA COMISIÓN (contestación pagada dos palabras).
—Contésteles a esos tres sinvergüenzas que se vengan ligero y que se preparen para el castigo que les voy a poner!—dijo San Gabriel a uno de sus secretarios. Y dirigiéndose al comandante de la División.
—Bueno. Qué hubo de ese aviones?
—Camine y verá en las que estamos S. S. —contestó. Atravesando el edificio de las Celestes Fuerzas Aéreas se dirigieron a los hangares. A su paso pudo ver a San Gabriel la intensa labor de sus subordinados. Unos doscientos ángeles recortaban una nube en pedacitos pequeños que serían utilizados como paracaídas. Otros cargaban los proveedores de las ametralladoras. Más allá se discutía sobre la trayectoria de un obús de 183. El campo de aviación era una colmena. Por todas partes se veían ángeles armados y detectives disfrazadísimos.
—Bueno, y qué es lo que pasa? —preguntó S.S.
—Pues que no se ha podido cargar aún el primer bombardero por que se mueren de risa los arcángeles.
—De risa? Y por qué?
—Así como lo oye S.S. Camine y verá.
Se dirigieron a uno de los hangares y allí pudo ver el señor Ministro del Aire un cuadro bastante desconsolador. Mientras dos angelitos estiraban las alas a un arcángel, halándolas de los extremos, otros dos, más pequeños con alitas apenas «encañonadas» trataban de poner una bomba debajo de cada ala al arcángel-bombardero, pero en cuanto la punta de la bomba le tocaba, soltaba la carcajada y decía:
—Eh, Hombre… cosquillas noooo… no me hagan cosquillas.
—Suspendan eso!!—ordenó S.S. —Y qué es esa risa? Conteste ligerito, sinvergüenza!!
Uno de los cargadores contestó:
—Pues S. S. es que como usted dijo que había que enseñarles a bombardear «en picada», nosotros los estamos «picando» para que se acostumbren !!
Media hora empleó el Ministro en tratar de arreglar el asunto, mas viendo que no podría ordenó a su secretario privado:
—Vé hombre. Andá decile a Dios que haga un milagro para que estos no sean tan quisquillosos.
Diez minutos después Dios suspendía una partida de ajedrez, que jugaba con San Miguel Arcángel para hacer el milagro de las cosquillas y aprovechó el momento para darle mate a San Miguel por medio de otro milagro.
—Cuándo podemos decolar? preguntó a S. S. el Comandante de la División.
—Hombre, cuántas veces le he dicho que descolar, es un galicismo muy feo? Se dice arrancar y deben estar listos para las seis en punto de la mañana.
S.S. se retiró y el Comandante se quedó diciendo entre dientes:
—Van éste. Diz que corrigiéndome a mí. Ni que fuera don Luis de Obando!! Viejo pretensioso!
Eran más o menos las once, y el resto de la noche se empleó en dar instrucciones a los pilotos.
Primero que todo se les explicaba —hay que dejar caer las incendiarias, que son esas chiquitas que llevan en el chaleco. También deben amarrarse las puntas de las túnicas a los dedos grandes de los pies para que el viento no los empelote en el aire.
En esos momentos Lot Berrio, señora e hijas abandonaban a Sodoma. «El Tiempo» de Sodoma, en su edición de ese día y junto al retrato de Kira, publicaba el siguiente artículo:
Los que salen
En la carreta de seis salió de esta ciudad don Lot Berrio acompañado de su señora y con sus dos bellas hijas. Como nuestros lectores saben, Lot era el último godo que quedaba en Sodoma. Felicitamos al Directorio Liberal por este éxito y deseamos de todo corazón que a Lot se lo coma el tigre en el camino. L. D.
Cuando «El Tiempo» de Sodoma circulaba, a eso de las 7 y media a.m. empezó el bombardeo. Iba Lot a unos 15 kilómetros de distancia cuando se oyeron las primeras explosiones.
—No mirés para atrás Sara!!!!—ordenó a su mujer, pero esto fue como haberle ordenado lo contrario.
—Vean niñas lo «salada» que estoy yo »dijo Sara. Diz que tenerme que perder esto por los caprichos de su papá! Pero cuando todos seguían con las manos en los oídos para no escuchar las explosiones, ella se detuvo y miró hacia atrás.
Las sagradas escrituras dicen que se convirtió en estatua de sal y según entendemos hoy, asegura Herr Fritz Toshnsmiunsnberg, ciudadano alemán, que él tiene en su poder en Berlín dicha estatua y que de algunas investigaciones hechas se saca en conclusión que doña Sara la señora de Lot, a pesar de su nombre, era alemana.
Es mucha lástima no poder dar detalles del bombardeo, pero la censura celeste en esos días era terrible; tan grande era, que Dios convirtió en estatua de sal a la primera espía nazi que hubo en el mundo…
(1) Si tiene mucha curiosidad, señor lector, haga un esfuercito y traduzca. Si no tiene mucha curiosidad, espere a que traduzcan el telegrama en el Cielo y no se afane…
El cuento se suma a una tradición literaria de cuentos mítico-bíblicos que en Antioquia se ve por ejemplo en En la diestra de Dios Padre de Tomás Carrasquilla o en la carta XXVII: la creación de eva en Cartas a Estanislao de Fernando González o, posteriormente, por ejemplo, en varios de los actos de las obras de El Águila Descalza.
Digo yo que Hill Davey, a lo mejor, tuviera recuerdos difusos de un circo, de la algarabía de la gente con Kira y de este cuento de Luis Lalinde Botero y por eso cincuenta años después relacionó en su cuento a Kira con los nazis.
Tanto nos trastocó el seso que hasta los medios más conservadores se dieron a fabular sobre su visita. De sentirse ofendidos pasaron al rencor y de allí a la literatura (el rencor, parece, es un motor de la literatura). Solo en un pais Católico, Apostólico y Romano una bailarina nos pone en esas: después de casi noventa años seguimos recordando su paso.
La historia de Kira quedaría en el limbo de la literatura masculina si no fuera por una periodista de Barrancabermeja que en enero de 1941, semanas antes de la última presentación de Kira en Colombia, logró la entrevista que solo una mujer hubiera podido lograr en el ambiente que periodistas y opinadores habían envenenado. La entrevista se publico en la revista Pipatón de Barrancabermeja (enero de 1941). En 2004 se editó el libro PIPATÓN: MEMORIA HISTÓRICA DE BARRANCABERMEJA (1940-1942) que la incluye en su antología. Con Elith Telica cierro el paso de Kira por Colombia:
KYRA, ¡la exótica bailarina, es madre!
El concepto sobre las ciudades de Colombia. – El pueblo de Barrancabermeja. – Prada Reyes se quemó la planta de la mano. – Un pueblo mal vestido. : : : : : : :
Una entrevista de Elith Telica
Nos visitó la gran bailarina, la discutida bailarina, la embajadora de su arte, símbolo de belleza, creadora de caprichosas fantasías, la danzarina Kyra.
No exageramos. Fue el más bello de los espectáculos presentados en el año de 1940, en el Teatro Libertador de Barrancabermeja.
Contra lo que esperaban las gentes timoratas, contra lo que decían algunos, no se trató de una exhibición vulgar ni pornográfica.
Las danzas de Kyra no incitan a la lujuria, ni nos transportan a las bacanales de la Roma Imperial, pagana y sensual.
Ni siquiera logran escandalizar a las personas reblandecidas, ni a los jóvenes de quince años que leen en los colegios libros picarescos a escondidas de los profesores de Apologética.
Nada malo vimos en las danzas de Kyra. ¡Sólo arte, belleza, exotismo, lujo!
El arte de la danza es tan difícil de interpretar, de entender...
Desde los tiempos antiquísimos, en los templos la danza constituía la más bella ofrenda mística a los dioses.
La iglesia católica llevó a los altares a San Pascual Bailón.
Bello espectáculo nos ofreció Kyra.
Sobre un bellísimo fondo de cortinajes de seda, lila brillante, iluminación acondicionada con reflectores de luz azul pálida, vimos a Kyra ejecutar en su debut sus mejores números.
¡Su bellísimo cuerpo se nos antojaba una estatua de mármol blanca, con vida y con alma!
Su silueta dibujada en el fondo del escenario, silueta de vírgenes en flor.
El Baile Morisco, el Canto de Amor Indio, la Rumba Oriental, la Fantasía del Capricho, la Danza de los Velos, Chinesca, Fantasía Vienesa, Claro de Luna, Fantasía Oriental y el Baile de los Abanicos...
Arte, belleza, lujo, moralidad...
Una sola nota discordante en el acto del debut: la mala, la malísima música de los intermedios.
Nos proporcionaron champaña y chicha. ¡Qué revoltijo dan dañoso!
Kyra traía un bellísimo repertorio de discos clásicos.
Una de nuestras bandas locales ejecutó aires populacheros, casi grotescos. Fue lo único inmoral del espectáculo: la chicha musical.
El público es sensible y protestó.
En Barrancabermeja hay también buen público.
Saben diferenciar un vals de Strauss, de «Barrilito» –diferencia tan grande como la que existe entre «Amor Chiquito» y «El Canto de Amor».
Brillaron por su ausencia las damas. Concurrieron poquísimas.
No por culpa de ellas, ni de sus esposos o hermanos. Fue por mala información, la información mentirosa que desfigura todo.
Aceptado que las damas se nieguen a concurrir a circos de mal gusto, donde la vulgaridad es el número atrayente del espectáculo.
Pero quedarse sin ver a Kyra, fue como haber dejado de leer un buen libro o un bello poema.
No ver a Kyra cuando nos visitó, fue como ir a París y no conocer el museo de Louvre, entrar al Vaticano y dejar de ver la famosa galería de desnudos cincelados por artistas como Rafael Zanzio y Leonardo da Vinci.
La genial bailarina Kyra es sencilla en la intimidad. Ella viajó a caballo por primera vez en Colombia. La exótica Kyra, en pleno trópico, hace un bello contraste con el melancólico caballo que día tras día rinde su jornada por las regiones donde aún es desconocido otro medio de transporte.
Todo fue culpa de los prejuicios y de la mala información.
Para próxima oportunidad debemos tener presente las mujeres esta anécdota:
En tiempos de don Miguel Antonio Caro se presentó a Bogotá una compañía de espectáculos.
Las hijas de un Representante nariñense estaban locas por ver el espectáculo.
El Representante nariñense era de aquéllos que usaban puños y cuello duro, zapatos de resorte, y resolvió consultar a don Miguel Antonio este delicado caso de conciencia.
El señor Caro, extrañado, le dijo:
—¿Pero de qué se trata ese espectáculo que me consulta si deben concurrir o no sus señoritas hijas?
—¡Pues ... es... que ... me han contado... que algunos de los bailes... los hacen las artistas... desnudas!
—Si es así, ellas pueden ir al teatro esta noche, sus hijas y las mías. Los que no debemos concurrir somos usted y yo, las mujeres que vayan... –respondió con una sonrisa don Miguel Antonio Caro.
Lástima que todas aquí no hubieran visto a Kyra. Perdieron tanto como haber dejado de ver un buen libro, un bello poema o quedarse sin conocer el museo del Vaticano.
Y hemos querido hacerle una entrevista a Kyra para Pipatón, una entrevista íntima, donde nos contara todos sus secretos.
Nos recibe con esa cordialidad saxoamericana, desprovista de complicaciones.
Kyra nació en Chicago (Illinois), esa famosa ciudad norteamericana que queda a orillas del río Michigan.
Esa cosechadora de triunfos es una mujer encantadora y de charla animadísima.
Iniciamos la entrevista a las tres y media de la tarde, la hora más desesperante del trópico. El calor es insoportable. La danzarina sabe disimular la inoportunidad de la hora.
—¿Cómo se inició en el baile?
—Yo he bailado desde pequeña, por sport, pues desde niña me fascinó el baile. Escogí como profesión el de danzarina hace apenas unos pocos años, pero he contado con profesores de fama.
—¿Su compositor de música predilecto?
—No tengo ninguno especial, pues admiro tanto a Wagner como a Beethoven, a Chopin Liszt, Strauss, Schubert o Albéniz.
—¿Con qué público colombiano ha simpatizado más?
—Con el de Bogotá. Cali también. Debe ser por estar más familiarizada con ellos, pues en dichas ciudades he trabajado largo tiempo. En Bogotá trabajé cinco semanas consecutivas.
—¿Cuál ha sido su mayor ambición?
—Como mujer, casarme con el hombre amado, para formar un hogar y tener muchos hijos. Un hogar tranquilo donde reine la paz, la comprensión y el cariño.
—¿Y cómo artista?
—Como artista, evolucionar hacia el perfeccionamiento de mi arte para conquistar más aplausos. Quiero perfeccionarme para ofrecer al público un espectáculo más soberbio. Quiero que comprendan mi arte.
—¿Ha amado usted alguna vez?
—Todavía no ha llegado el amor perfecto que espero.
Y con una sonrisa ingenua, agrega:
—A veces pienso si entre los miles de sacrificados que ha habido en la guerra, quién sabe si el hombre de mis sueños haya muerto.
—¿Pero sí piensa casarse alguna vez?
—¿Casarme?... ya lo fui una vez. Fui al matrimonio llena de ilusiones y enamorada, pero el encanto se rompió porque no supimos comprendernos. Fruto de ese matrimonio es un hijo que tengo en New York, a quien adoro y por quien vivo.
Me muestra la foto del niño en su álbum. Un rubio bellísimo. Kyra lo contempla, y sus ojos se enrojecen... se quiere tanto un hijo, y tenerlo tan lejos...
El niño tiene nueve años y vive con la anciana madre de Kyra. Ella continúa:
—Fui enamorada al matrimonio, no pudimos amarnos y es por eso que digo que no ha llegado el amor que espero...
—¿...?
—De mi esposo me divorcié cuando mi hijo tenía unos pocos meses de nacido.
Kyra, la de los pies ligeros, la de los pies pequeños, ¡la artista de líneas esculturales es madre! Esta es una primicia informativa para Pipatón.
—Ningún periodista había logrado arrancarme ese secreto –me dice.
Le pido consentimiento para publicarla, y me dice en tono filosófico:
—Son tantos los hombres... pero publíquelo si quiere. Me siento orgullosa de ser madre, y le advierto que hasta ahora lo sabrá el público latinoamericano por Pipatón.
Agrega:
—Me ha extrañado tanto encontrar una revista en Barranca y una mujer de reporter, que le doy esta oportunidad para desbaratar todas las falsas leyendas en torno a mi personalidad. Este reportaje seguramente causará sensación en Colombia. ¡Muchos periodistas me llamaban la Virgen Loca!
Y ríe Kyra... ¡nos reímos de la vida!
Un corto intervalo en nuestra charla, después de haber apurado una copa de ponche de frutas que gentilmente me ofrece.
Me obsequia luego un bello prendedor que conserva desde San Petersburgo, de poco valor, pero que tiene una bella historia de la Rusia de ayer, la de los Zares.
—Consérvelo —me dice—. Es la joya que más he querido y la dejo en su poder como un talismán para que triunfe en su vida.
—¿Qué me dice de Barranca?
—Barranca es mejor de lo que me lo figuraba, me la habían desacreditado mucho. La ciudad está poco embellecida, pero es una ciudad que progresa. Dicen que en épocas anteriores esto era invivible.
—¿Y de sus habitantes?
—Quiere que le sea franca?, pues le diré. Sus hombres son los peor vestidos del planeta. Ni en Zaragoza que es un pueblo, un pueblucho, los hombres son tan descuidados en el vestir.
Le replico que aquí el calor no deja a los hombres vestirse bien.
Y vivamente me argumenta:
—Por el calor? En Estados Unidos la época de verano es más calurosa que el día de más alta temperatura en Barrancabermeja. Y allí todos visten correctamente, con lino o dril blanco y corbata. Un pueblo mal vestido, es un pueblo descuidado. Las mujeres son las llamadas a exigir a los hombres que aprendan a vestirse. ¡Perdone mi franqueza!
—Dejando a un lado lo del vestido, ¿cuál es su concepto sobre el público de Barranca?
—Me ha dado la sensación de ser poco amigo del arte. Por supuesto que no todos, claro está. Digo por lo que aprecié en mis representaciones. Desde el escenario oí algunos pobres comentarios. Y es que yo bailo desnuda pero no soy una bailarina vulgar. Yo interpreto la música por medio de movimientos suaves, rítmicos, sutiles . . . aquí me aplaudían cuando me quitaba un velo. ¡Pero no aplaudieron mi arte! Alguien me gritaba: «¡Eso no es desnudo!»
Kyra cuando danza, nos transporta a regiones ignotas, llenas de misterio y de luz... Danzando sobre la punta de sus pies ligeros, mueve sus brazos rítmicamente, esos brazos que parecen dos alas blancas de paloma.
Cuando baila la Danza de los Velos, ella se pierde entre el remolino de albas gasas que maneja magistralmente y que ora son nubes en fuga, ora espirales de humo que se pierden bajo el cuerpo de nácar con tintes sonrosados, bajo su cuerpo de Diosa pagana que tiene claridades de luna.
—¿Hacia dónde se dirige ahora?
—Voy nuevamente a Bogotá, donde tengo contrato con el Teatro Municipal y después a Cali. De Colombia pasaré a Lima, Perú.
—¿Su mayor triunfo?
—En Méjico, en el Palacio de Bellas Artes, y otro de mis grandes triunfos lo obtuve en el Colón de Bogotá.
—¿Su color preferido?
—El verde esmeralda. El verde me fascina porque es símbolo de esperanza...
—De dónde le vienen sus trajes?
—De diferentes partes: París, Londres, New York, Méjico...
Seguimos tratando sobre diferentes temas. Kyra es culta e instruida, habla varios idiomas, y el español lo domina perfectamente. Es escritora, poetiza. Publicará un libro de sus impresiones sobre los diferentes países que ha visitado.
Don Moisés Prada Reyes es uno de los colaboradores gráficos de Pipatón y se presenta con nuestro Director a tomarnos unas fotos de la entrevista.
Prada Reyes, frente a la exótica Kyra, —que dicho sea de paso, es muy sencilla en la intimidad: usa trajes corrientes, no fuma, no bebe, ni tiene maneras afectadas—, le falla su aplomo. Hace mil evoluciones con su cámara fotográfica.
Prada Reyes está cohibido, tímido, sus movimientos nerviosísimos le entorpecen y lo hacen olvidar el manejo de la cámara fotográfica.
¡Y Prada Leyes se quemó...!
Nuestro repórter gráfico colocó su cigarrillo sobre la mesita y cuando él, con toda la mímica y ceremonial del caso nos enfocaba con su cámara y nos hacía mover la cabeza hacia arriba y hacia una lado mil veces por segundo, para obtener el mejor perfil, distraídamente colocó la palma de su mano sobre el cigarrillo. Dió un salto, un alarido, tumbó la máquina, Kyra se asustó y creyó que éste era un nuevo sistema de retratar por estas tierras.
¡Dió Prada Reyes un salto mortal, como en un circo!
Todos volvimos a mirar hacia otro lado para disimular. Entre colegas, todo se disimula. Prada Reyes es un periodista de corazón, y por vocación ama ese nuevo deporte. El periodismo es un deporte moderno.
La intervención de Prada Reyes fué la nota divertida de la entrevista.
Kyra exclamó:
—¡Este es el trópico! Nunca olvidaré la tragedia para esta foto. Cosa divertida... bonita. Haga más ... —y aplaudió frenéticamente.
Lástima que dejaran muchas de ver a Kyra. Kyra no necesita propaganda, es una gran artista y el arte siempre triunfa solo, como triunfa un buen libro, un bello poema... solo, sin propaganda.
Edith Telica

























